Masajes y caricias
Después
de tomar un baño juntos, dale este delicioso masaje
y sensuales caricias, aumentando su estimulación al
máximo para seguir con el 'plato fuerte
Una
relación sexual consta de principio, desarrollo y
final, y olvidarse de una de estas partes puede
cambiar la experiencia en conjunto. Los juegos
eróticos preliminares son necesarios para inundar el
entorno de erotismo, aumentar el deseo, y que tú y
él se exciten al máximo antes de empezar el coito.
Sin
embargo, besar, abrazar, acariciar, lamer, arañar y
mordisquear, no son sólo un preámbulo, también son
todo un placer en sí mismos y estimulan la
sensibilidad de sus zonas erógenas. Otra cosa que
también aviva la pasión es la imaginación, porque
les produce múltiples fantasías que los llenarán de
goce, emociones y satisfacción extrema.
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Primero, estimúlalo con un masaje
Hay muchos
tipos de masajes, pero los eróticos tienen una carga
sensual que los sensibilizará a ti y a tu chico,
preparándolos para llegar al cielo. Antes de iniciar
el masaje, es importante que todo esté favorable:
* La
habitación serena
* La iluminación tenue
* El aroma agradable.
* Él... lo más cómodo y
relajado posible
La presión
del masaje debe ser la adecuada, es decir, mayor que
una caricia pero menor que un masaje terapéutico.
Tranquilízalo deslizando tus manos sobre su cuerpo y
haciendo presión con las yemas de tus dedos en el
siguiente orden:
Hombros
y nuca. Masajea sus hombros y nuca para
distensionar el estrés acumulado, proporcionarle
alivio y preparar el camino para el placer.
Espalda.
Sigue el masaje por los costados hasta su
cintura y sube por la espalda deslizando tus
pulgares a los lados de la columna vertebral, esto
le dará una sensación de lo más deleitable.
Glúteos.
Con tu compañero extendido boca abajo, con tus
dedos pellizca suavemente los músculos de sus
glúteos.
Muslos.
Continúa el masaje a partir de la rodilla,
subiendo lentamente con todos los dedos hasta los
glúteos. Hazlo suavemente en el interior de los
muslos que es más sensible.
Pantorrillas. Son tan importantes como los
hombros porque en ellas se concentra mucha tensión y
estrés. Ablandar sus músculos favorece aún más la
entrega de tu amante.
Pies.
Necesitan un cuidadoso masaje con los dedos
pulgares en la planta, el arco y los dedos,
presionando centímetro por centímetro.
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Después, enciéndelo con caricias

Roza sensualmente la yema de tus dedos con cada
parte sensible del cuerpo de tu hombre: cara,
brazos, pecho, abdomen, cada zona erógena, incluso
las más sensibles como los genitales. Con esto
lograrás relajar sus músculos de las tensiones y
estimularás la segregación de las hormonas de la
excitación, preparando su cuerpo para iniciar el
coito.
Todas las
zonas de su cuerpo reaccionarán ante tus caricias,
pero algunas exigen que antes de seguir con el
recorrido de caricias, te detengas en ellas y les
dediques más tiempo, como los labios, los lóbulos de
las orejas, las areolas y los pezones, el triángulo
público, el interior de los antebrazos y de los
muslos, las plantas y los dedos de los pies.
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Un poco de
creatividad
Si
piensas que únicamente con las manos puedes realizar
caricias, estás equivocada. Es conveniente que uses
tu imaginación y acaricies su piel de una forma
distinta y original que despierte en él sensaciones
inesperadas.
La cantidad
de caricias fascinantes es tan extensa y placentera
como tu propia iniciativa te lo permita. Puedes
improvisar caricias como éstas:
*
Sube lentamente tus pies por la parte interna de sus
piernas, desde el tobillo hasta la ingle.
* Desliza suavemente tu rodilla entre sus glúteos.
* Roza casi imperceptiblemente tus labios con todo
su cuerpo, y acaricia con la punta de tu lengua las
zonas más sensibles.
* Roza con tus pechos su espalda, dibujando en su
piel tenues caricias con tus pezones.
* Usa tus dedos para acariciar en formas circulares
su pecho, desde afuera hacia el pezón
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Un gimnasio sexual
Aunque no lo creas, hay
ejercicios que aumentan tu capacidad para el placer
sexual, y si los haces a diario la excitación y el
orgasmo serán más intensos
¿Inviertes
varias horas a la semana en el gimnasio para
fortalecer tus brazos y glúteos? Pues dedícale un
poco de esfuerzo a trabajar también tus músculos del
placer y de la energía sexual.
Estos
ejercicios son sencillos y los puedes hacer en
cualquier lugar. Practícalos tú sola o con tu pareja
para mejorar el desempeño sexual de ambos. Recuerda
que el orgasmo es de quien lo trabaja, y aquí te
decimos cómo.
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El músculo del
placer
Es el
músculo pubococcígeo y está situado en la base de la
cavidad pélvica, entre la pelvis y el cóccix. La
forma más fácil de encontrarlo y fortalecerlo es
apretar los músculos de la pelvis, ya sea sentada o
de pie, recomiendan los autores del libro La
pareja multiorgásmica.
El
ejercicio que propone Barbara Keesling para
estimularlo en el libro Los puntos del orgasmo
femenino es el siguiente: aprieta como si
estuvieras conteniendo las ganas de orinar, mientras
relajas los músculos del abdomen y glúteos, y mantén
la tensión por dos segundos. Hazlo tres veces al
día.
Durante
el orgasmo femenino este músculo sufre contracciones
por sí solo, pero también es muy estimulante para tu
pareja si lo contraes durante el coito, en el
momento de la penetración y en la retirada del pene.
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El
músculo de la energía sexual
Buena
parte de la energía sexual proviene del útero y
también hay ejercicios para fortalecerlo:
1.
Sentada en una silla, exhala y contrae la parte
inferior del abdomen.
2. Sin inhalar, contrae varias veces los músculos
abdominales.
3. Inhala hacia el abdomen por la nariz.
4. Exhala lentamente por la boca.
5. Hazlo tres veces al día.
Todos
los músculos
También
hacer ejercicio aeróbico durante 30 minutos cinco
veces por semana, aumenta tu energía sexual y
desarrollas una mayor resistencia muscular, lo cual
te ayuda a reducir la fatiga durante el sexo.
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Cuando tú
quieres y él no
Los desacuerdos en la
frecuencia de las relaciones sexuales son normales,
le ocurren a casi todas las parejas en algún momento
Te
casaste hace poco tiempo y sientes que todo va muy
bien. Sin embargo, durante el noviazgo siempre
andaban tras el sexo, no se podían quitar las manos
de encima, y ahora las cosas están cambiando. Cuando
tú quieres, él no, y cuando él quiere, tú no estás
de humor.
Por lo
pronto tu cabeza no deja de maquinar las posibles
causas: ‘¿será que ya no le gusto?’, ‘¿será
que el amor se está acabando?’, ‘¿será que casarnos
enfrió la relación?’ ¿Será esto? ¿Será aquello?
¿Cómo saberlo?
Tranquilízate, seguramente no pasa nada de eso. Los
primeros años de matrimonio son de adaptación y de
aprender a enfrentar las cosas juntos. Si la
relación va de maravilla pero algunas veces tienen
diferencias en el apetito sexual, lo mejor que
pueden hacer es reconocerlo y no perder la
comunicación.
La
psicoanalista Nancy Mesa señala que, los desacuerdos
en la frecuencia de las relaciones sexuales le
ocurren a casi todas las parejas en algún momento, y
pueden ser muchos los factores que contribuyen a
reducir la capacidad sexual o el deseo por el otro:
*
Períodos de ansiedad o depresión
*
Problemas económicos o familiares
*
Dificultades en el trabajo
*
Insatisfacción profesional
*
Preocupaciones de tipo social
* La
aflicción de no satisfacer o no ser satisfecho
sexualmente por la pareja
* En
casos extremos padecer algún trastorno orgánico
Las
causas pueden ser tantas que no vale la pena
enumerarlas sin conocer la situación personal de la
pareja. Pero en la mayoría de los casos, el que el
deseo sexual de alguno de los dos sea menos intenso
no significa una anormalidad.
Es
importante identificar el bloqueo de esta
inapetencia sexual, y lo ideal es que vean a un
terapeuta sexual que haga un historial íntimo de
ustedes y les dé una terapia de pareja en la que
puedan descubrir las causas y aplicar las medidas
necesarias:
*
Problemas fisiológicos: Pueden deberse a una
disminución ocasional de hormonas, lo cual
generalmente es tratado con medicamentos.
*
Conflictos psicológicos: Es probable que
requieran un tratamiento psicoterapéutico.
* La
rutina diaria: En la terapia de pareja
comprenderán qué los hace evitar sensaciones
eróticas, aprenderán a ponerse de acuerdo y a
combinar la rutina diaria con el deseo.
Si tú y
tu pareja consideran que este dilema no es tan grave
como para asistir a un sexólogo, te damos unas
recomendaciones para ayudarte a solucionarlo:
* Habla
sobre lo que pasa y lo que sienten, manteniendo una
actitud positiva que les ayude a aumentar su libido.
* Si
eres tú quien no experimenta placer con tu pareja,
usa tu imaginación erótica, cuéntale tus fantasías y
escucha las suyas.
*
Cambien las técnicas sexuales en la práctica,
alargando el preámbulo, dándose placer mutuo,
conociendo mejor sus zonas erógenas.
* Nunca
comiencen el sexo si alguno de los dos está
intranquilo o no se siente a gusto, pues esto
empeorará la situación.
Si estás
pasando por este período de enfriamiento no te
asustes, probablemente es un tiempo transitorio y
fácil de resolver, siempre y cuando exista una buena
comunicación entre ustedes.
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La
infidelidad y sus motivos
Las
9 razones más comunes por las que ‘ponemos los
cuernos’ son resultado de la búsqueda de la
satisfacción de necesidades que no encontramos en
nuestra pareja
Una de
las peores traiciones hacia nuestra pareja o por
parte de ella es la infidelidad. Generalmente
pensamos que la persona infiel es la única culpable,
sin embargo la infidelidad es el resultado de la
crisis de una pareja, pues quien es infiel lo hace
porque busca en otra persona cuestiones sexuales,
emocionales o intelectuales que su pareja no le da.
La
infidelidad no sucede espontáneamente, siempre hay
motivos que la provocan. La lista de razones es
interminable, pero los sexólogos especialistas en
terapia de pareja coinciden en que en todas se
intenta satisfacer las carencias del matrimonio:
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Las 9
razones más comunes
1.
Nos sentimos devaluados. Terminado el
enamoramiento, enfrentamos a la pareja real y
olvidamos a la idealizada, y sus conductas no
siempre placenteras en la convivencia defraudan
nuestras expectativas. Si la pareja nos abandona al
centrarse sólo en sus objetivos personales y no en
los de ambos, y al mismo tiempo nos relacionamos con
una persona distinta que nos hace sentir más
valorados, la elegimos inconscientemente como nueva
compañera. Principalmente para las mujeres, es muy
importante sentirnos bellas y deseadas por nuestro
hombre. Si no se cumple nuestro objetivo, sentimos
una gran frustración y se devalúa nuestra
autoestima. Una forma de sentirnos de nuevo
atractivas y deseadas, es siendo cortejadas en una
relación extramarital.
2. La
monotonía. Cuando nuestra pareja descuida el
tiempo en común por sus actividades personales y
deja de tener detalles cariñosos con nosotros,
sentimos que el amor se acabó, se produce un
distanciamiento y nos empezamos a sentir encadenados
a pasar el resto de nuestros días en una relación
que ha perdido su encanto. Un matrimonio sumido en
la rutina y en el aburrimiento se puede venir abajo
a causa de un encuentro con un intruso que lllegue y
nos aborde con el misterio, encanto y riesgo de los
que carece nuestra relación.
3.
Una vida sexual deficiente. El sexo es un
elemento esencial en la pareja y si éste es
defectuoso, quien se siente insatisfecho tiende a
buscar fuera de la relación la satisfacción sexual
que no encuentra en su pareja. Si a pesar de sentir
un gran amor por la pareja, en la cama no
encontramos nada excitante, nos vengamos teniendo
relaciones sexuales con otra persona, porque estamos
enojados con nuestra pareja que no quiere hacer el
amor o no quiere llevar a cabo nuestras fantasías
sexuales.
4.
Dependencia emocional de los padres. Si nuestra
pareja no es emocionalmente independiente de sus
padres y no establece límites respecto a ellos, esta
conducta infantil nos hace sentir sin su apoyo, y
nuestra necesidad insatisfecha de ser escuchados y
atendidos nos impulsa a buscar una relación
extramarital.
5.
Buscamos nuevas sensaciones. Si se acaba la
seducción del enamoramiento y se vive en el hastío
de una relación, hay quienes necesitan seguir
satisfaciendo su necesidad de seguir enamorados. La
curiosidad de experimentar el sexo con otras
personas y de vivir la aventura es un fuerte motor
para buscar un affair.
6.
Idealizamos a la pareja. Para continuar
idealizando a nuestra pareja, muchas veces elegimos
como amante a una persona totalmente opuesta. Hay
quienes llevan a cabo todas sus fantasías sexuales
con el amante y no con la pareja para sentir que la
siguen manteniendo en el concepto de ‘decente’.
7. La
pareja lo permite. Se dan casos en que la pareja
está de acuerdo en que tengamos relaciones
extramaritales, porque es consciente de que
necesitamos satisfacer las deficiencias que existen
en nuestra propia relación.
8.
Sentimos amenazada nuestra libertad. Cuando la
pareja es asfixiante o nos da pavor perder nuestra
independencia y quedar atrapados en una relación,
intentamos sentirnos libres cometiendo actos de
infidelidad.
9.
Alarde de poder. Por haber obtenido poder,
dinero y una posición social, hay quienes sienten
que se han ganado el derecho a tener un mayor
potencial sexual con el sexo opuesto.
La
infidelidad es un síntoma de la serie de crisis por
las que atravesamos como pareja. Si buscamos en el
fondo, descubriremos que somos infieles cuando no
encontramos en nuestra pareja lo que buscamos y
nuestra relación no satisface completamente nuestras
necesidades. Sin embargo, superar la crisis
dependerá de la forma en que podamos comunicarnos
como pareja.
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EL
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